Profesor de Español, Relacionista Público y Periodista

 



La vida, si te unes a ella, a tu presente y tu destino, puede depararte satisfacciones (esperadas e inesperadas) y a mí, en lo personal y profesional, me ha dado felicidad en esos incontables momentos cuando he trabajado duro y en beneficio de las sociedades donde he vivido.

    A mi edad, al mirar hacia mi ayer, esa retrospectiva solo recuerdos agradables me trae y los rostros de miles de exalumnos que pasaron por mis salones de clases y escucharon mis lecciones; lo mismo me sucede cuando recuerdo la gran cantidad de periódicos internacionales para los cuales escribí (de Estados Unidos, Alemania, Guatemala e Italia).

    En todo caso y descrito lo anterior, no me gusta pensar que he entrado en "la recta final" de mi existencia -pero de todos modos lo hago-, puesto que los 60 años de edad suponen ser la puerta de ingreso a la ancianidad, a la tercera edad; y ya retirado de toda actividad profesional, solo memorias agradables habitan en mi espíritu y mente, gentes buenas que me quisieron y a quienes yo aprecio también; lo mismo que mis libros escritos, cientos de artículos de prensa bajo mi firma y muchos, muchísimos (as) amigos (as) que me hicieron esos instantes de mi vida, plenos de felicidad.

    He llegado, he vivido y he vencido. No me quejo. Todo lo hice bien. Ha sido una larga vida de decoro, dignidad y con el amor guiando mis pasos. No hice daño a nadie y si intentaron dañarme, me hice a un lado y continué mi camino sin dolor. Al fin he comprendido que las gentes malas, lo mismo que las serpientes, cumplen una función en el mundo. No muy agradable, pero tienen un objetivo que la misma Creación les ha dado. ¡Pero qué viva la gente buena, que es la que siempre quise a mi lado!

    Saludos y mi consideración para todas las personas que me leen.



    
 






                




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